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Mi relación de amor/odio con la psicología

A lo largo de mi camino para convertirme en psicóloga clínica me desanimé en varias ocasiones de la psicología.

Cuando estaba adolescente fui remitida por el colegio al que asistía donde una psicóloga. Aunque no llegué a comprender la raíz de mi dolor y tengo muchas críticas a su trabajo, tuve la motivación para seguir, como un respiro, y me ayudó a mantenerme con vida.

Ahora, con mi experiencia como psicoterapeuta clínica, sé que esta psicóloga cometía el error de creer de manera ciega en la teoría y no reconocer mi propio conocimiento sobre mi misma y mi situación por encima de las técnicas o ideas que tenía sobre mi dolor; me “impuso” su interpretación de mis dolores desestimando lo que yo creía de lo que me ocurría. Como resultado, aunque con un poco de alivio, terminé ese proceso desempoderada y dudando de mis percepciones. Así aprendí que la teoría no sirve de nada si no se aplica con compasión y perspectiva crítica.

Después, asistí donde otrxs psicólogxs con diferentes enfoques y estilos. Sin embargo, fue decepcionante encontrarme con que la mayoría de lxs psicólogxs, a lxs que tuve la oportunidad de asistir, estaban desinformadxs en trauma lo cual hizo que no reconocieran las señales de trauma presentes en mi caso y me diagnosticaran equivocadamente, revictimizándome al culparme a mí y no al victimario.

De todas formas, estas experiencias me trajeron aprendizajes importantes sobre mí misma y sobre la profesión.

Durante mi carrera, tanto de pregrado como de posgrado, la mayor parte del tiempo odiaba la psicología. Me costaba identificarme con la mayoría de teorías psicológicas por su descripción del ser humano tan distinta a mi experiencia de vida, me parecía que el DSM (“Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales”) era muy inhumano en su descripción; no comprendía algunas teorías que plantean a los  seres humanos como seres terminados que se pueden medir y encasillar; me dolía la falta de respeto y honor al dolor y sufrimiento humano; me sorprendía el tono moralista de muchas perspectivas psicológicas y la superficialidad.

Apenas habían unas teorías, comúnmente desvalorizadas, con las que sentía que resonaba.  Pero, aún con estas dificultades, intuía a partir de mi propia experiencia que dedicar un espacio a analizar lo que uno siente, piensa, intuye y cómo enfrenta sus procesos en la vida, es mágico, y tiene el potencial de hacer cambios necesarios y sanar.

Ahora comprendo los componentes que me dificultaban y dificultan todavía el entender y resonar son esas teorías, uno de estos componentes es que la psicología que se enseña más comúnmente es una psicología blanca, primer mundista, basada en el estudio de personas y culturas europeas blancas. Teorías psicológicas construidas  en su mayoría por hombres, de clase media-alta, Europeos o anglosajones blancos, influenciados por una cultura machista, racista, colonialista, capacitista, cisgénero, elitista, heterosexual y fría. Una psicología que divide el cuerpo, el corazón y la mente y que solo plantea una manera de ver la realidad.

Y son ese tipo de teorías las que más se han instaurado y que tienen mayor renombre y prestigio en la academia mientras que otro tipo teorías y autores que hablan desde otra realidad del mundo, femenina, racializadx, oprimidx, pobre, colonizadx, cálidx, diversx, son silenciadxs, invalidadxs y/o cuestionadxs.

Por lo cual muchas veces quienes no pertenecemos a las primeras categorías mencionadas, no nos vemos reflejadxs con este tipo de teorías e incluso nos llegamos a sentir victimizadxs por terapeutas que quieren imponer esta visión cuando es diferente a nuestra experiencia de vida.

A pesar de mi incomodidad con esto, me mantuve en mi propósito de terminar la carrera con la esperanza de ejercerla de una manera distinta, menos fría, más amorosa, más respetuosa con los procesos humanos, más profunda; aferrada a esta intuición pude continuar y completarla.

Más adelante pude confirmar que esa intuición era real y que la psicología y en especial el espacio terapéutico, la relación entre paciente-terapeuta tiene el potencial de ser muy sanadora si se construye con respeto por ambas personas, dignidad y reconociendo la sabiduría que cada persona trae consigo misma.

“La alianza entre paciente y terapeuta se desarrolla a través de un trabajo compartido. El trabajo de terapia es una labor de amor y compromiso colaborativo. Aunque la alianza terapéutica toma parte en las costumbres de las negociaciones contractuales cotidianas, no es un simple acuerdo comercial. Y aunque evoca todas las pasiones del apego humano, no es un relación amorosa o una relación padre-hijo. Es una relación de compromiso existencial, en la que ambos se comprometen en la tarea de la recuperación” (Judith Herman)

A diario, tengo la fortuna de experimentar con mis pacientes como ese espacio que construimos entre lxs dxs paciente-terapeuta, es un lugar de conexión que permite sanar, encontrar herramientas para ser más libres, más felices, más autenticxs.

Recuperar mi fé en la psicología ha incluido escuchar e investigar esos autores y esas perspectivas silenciadas y cuestionar las teorías constantemente, poniendo por encima la experiencia de lxs pacientes. Ver los resultados que se obtienen a partir de una terapia más humana, que se adapta a la realidad de lxs pacientes, menos elitista, que reconoce la humanidad del terapeuta y la sabiduría y conocimiento sobre sí mismx del paciente me hace creer totalmente en mi trabajo y en el potencial de la psicología.

Muchxs llegan a la consulta habiendo vivido experiencias parecidas a la mía, con desconfianza y a la vez esperanza de que en esta oportunidad yo como profesional les brinde el respeto, la dignidad y las herramientas que necesitan para sanar o crecer. Yo comprendo esa sensación y me esfuerzo por replantear la mirada y la construcción de la terapia como un espacio donde todxs quienes hacen parte del proceso tienen un lugar fundamental.

Así que ahora, estoy comprometida a hacer otro tipo de psicología, amorosa, respetuosa, femenina, racializada, no adultista, diversa, abierta, humana. Es un trabajo constante que amo y agradezco, es una construcción colectiva en la que desde mi trabajo procuro aportar al cambio que necesita urgentemente el mundo.

Diez Resoluciones de Año Nuevo Para Crear Una Relación Más Amorosa con tu Cuerpo y tu Alma


Las resoluciones de año nuevo son compromisos que hacemos con nosotrxs mismxs para vivir mejor en el año que empezamos. Nos pueden ayudar a enfocar nuestra energía en cultivar hábitos y cambios que nos traigan bienestar y felicidad, y dejar atrás maneras que ya no nos sirven o que estamos preparadxs para dejar ir.

Sin embargo, no podemos olvidar ser flexibles y compasivxs en nuestro proceso de lograr lo que nos proponemos. Es bueno respetar los tiempos que nuestra alma necesita para llevarlos a cabo, sin ponernos exigencias exageradas ni esperando perfección.

Dos ejemplos de resoluciones comunes son dejar el sedentarismo haciendo algún tipo de deporte y cuidar la salud disminuyendo el consumo de alcohol y azúcar, aunque al inicio del año nos sintamos muy motivadxs para lograr estas metas, sucede con frecuencia que a mitad del año ya no se recuerdan y se ha abandonado todo intento debido a la dificultad que hacerlo trae.

Las dificultades en encontrar disciplina y motivación para mantener hábitos que nos hacen felices, nos avisan que hay algunos pasos previos que debemos atender, como por ejemplo desbloquear nuestra capacidad de merecer cosas buenas, sanar algunas heridas traumáticas del pasado, fortalecer nuestra autoestima y confianza, entre otras.  Por esto, si te encuentras, en el camino de cumplir tus resoluciones, con estas dificultades es una buena oportunidad para ofrecerte compasión y cuestionarte amablemente que te impide darte esos regalos; puedes encontrarte que lo que elegiste previamente no es una forma que funciona para ti y ese descubrimiento te permitirá conocerte mejor e ir adaptando tus hábitos de una manera que resuenen profundamente contigo y te ayuden a construir calma y equilibrio.

Mi perspectiva es que muchas veces no reconocemos lo que ha generado en primer lugar el sedentarismo o el consumo de alcohol y el azúcar -para seguir con el mismo ejemplo – , sino que pretendemos hacer el cambio de la noche a la mañana, imponiéndonos un cambio un poco agresivo, que por tanto no se mantiene a largo plazo.

Por esta razón, es importante no solo pensar en el aspecto externo que queremos hacer sino indagar un poco más en que ha generado el hábito que no nos trae felicidad y se ha mantenido por mucho tiempo.

Por ejemplo, si pensamos que para este año queremos atender mejor nuestro cuerpo y sus necesidades, vendría bien hacer un poco de introspección y preguntarnos cosas como: ¿Qué eventos a lo largo de mi vida me han llevado a descuidar mi cuerpo? ¿Qué actividades pongo como prioritarias antes de atender mis necesidades (cuando tengo hambre, sed, sueño, deseos de moverme, etc.)?. La intención con estas preguntas es encontrar las creencias o patrones que hemos tenido en el pasado que pueden ser re-evaluados ya que ahora no se alinean con nuestros deseos para el año nuevo.

Existen dentro de nuestra alma, procesos que hemos interiorizados a partir de nuestras experiencias sociales, familiares, profesionales, etc. A veces debido a una crianza muy exigente, un contexto que no atendió nuestras necesidades emocionales o físicas, unos padres o cuidadores que abusaron de su poder, crecer en medio de escasez de alimentos o dignidad,  o cualquier tipo de trauma, dejan secuelas que generan autoabandono o hábitos de autosabotaje.

Esto puede impactar nuestra vida en el presente y llevarnos  a tener una relación difícil con la comida, a automedicarnos con alcohol o drogas, a estar sedentarios por falta de motivación o sentirnos paralizados.

Por tanto, unas resoluciones enfocadas solo en el aspecto más superficial no cambiarán la raíz de lo que las ocasiona y corremos el riesgo de desmotivarnos cuando no podemos cumplirlas.

La base interna y profunda más importante que podemos construir es una buena relación con nosotrxs mismxs, ya que esta  impacta toda nuestra vida, nuestras relaciones, nuestros sueños. Cuando nos sentimos mejor con nosotrxs mismxs tenemos menos hábitos adictivos, tenemos mejor relación con la comida, nuestros niveles de estrés disminuyen y podemos sentirnos más plenxs, dedicar nuestro tiempo y energía a crear la vida que soñamos.

Al cultivar una relación más amorosa, respetuosa, compasiva y honesta con nosotrxs mismxs podemos ofrecernos el cuidado y atención que merecemos, y con ello ser más libres, poner límites más claros, construir relaciones que nos aporten y fortalezcan, explorar quienes somos y aceptar nuestros dones.

En este sentido, te propongo para este nuevo año diez resoluciones para crear una relación más profunda y amorosa con tu cuerpo y tu alma, como una base firme para que puedas mantener con el tiempo los hábitos que quieres disminuir o incluir en tu vida en este nuevo ciclo.

El objetivo es mejorar la relación con nosotros mismxs, traer más felicidad a nuestras vidas y crecer.

1. Amarme y apoyarme incondicionalmente

Ejemplo Concreto: Este año me apoyaré en todas mis decisiones sin importar el resultado, me miraré con compasión y resaltaré mi esfuerzo. Haré acciones que me demuestren amor por mi mismx como: dedicar más tiempo a las cosas que me traen calma, sentir mis emociones, ser honesta conmigo mismx,etc.

2. Sembrar más felicidad en mi vida

Ejemplo Concreto: Buscaré actividades que disfrute y me recarguen y todas las semanas realizaré alguna (deporte, arte, aprender algo nuevo)

3. Bajar mis niveles de estrés

Ejemplo Concreto: Me tomaré un tiempo todos los días para mí. Durante este tiempo voy a meditar, respirar o mirar un video agradable a solas.

4. Poner más límites

Ejemplo Concreto: Practicaré decir que NO con más frecuencia cuando quiero decir NO. Me resistiré a ceder ante los deseos de otrx abandonando mis necesidades.

5. Amar mi cuerpo exactamente como

Ejemplo Concreto: Estaré atenta de las necesidades de mi cuerpo, comeré hasta quedar satisfechx y me reconectaré con mi cuerpo cuando me avise que está lleno o con hambre. Disfrutaré del placer de comer. No me comparé con otros cuerpos.

6. No gritar o pegar a mis hijxs

Ejemplo Concreto: Cada vez que tenga una sensación intensa de rabia voy a dedicarme un tiempo a solas o con alguien adultx (con quien lo acuerde previamente) para observar mi emoción y permitirme sentirla, escribiré, le pegaré a una almohada, gritaré en la almohada, romperé una hoja,“empujaré la pared” hasta sentir alivio. Después, al calmarme, tomaré decisiones que sean respetuosas conmigo mismx y mis hijxs.

7. Cortar con relaciones abusivas/Tóxicas

Ejemplo Concreto:  Buscaré amistades que me quieran y me acepten como soy y limitaré o cortaré mi relación con personas que me hagan sentir criticada o que soy difícil de amar.

8. Fortalecer mi Autoestima

Ejemplo Concreto: Iré a terapia, leeré libros acerca del tema, observaré todo lo lindo de mi mismx y enfatizaré mis logros y no mi errores, aprenderé algo nuevo. Al finalizar el día pensaré en tres cosas por las que me siento orgullosx de mí mismx, todos los días.

9.Dedicaré más tiempo a trabajar por un sueño de mi niñez

Ejemplo Concreto: Ahorraré para hacer el viaje que siempre quise. Empezaré a hacer cambios para tener mi trabajo soñado. Dedicaré tiempo a atender mi niñx interior y sus necesidades.

10.Conocerme más.

Ejemplo Concreto: Escribiré en un diario mis pensamientos y emociones al menos una vez a la semana. Dibujaré o haré collage de lo que me representa.

Estos son sólo ejemplos, puedes cambiarlos para que se adapten a tu propia manera de vivir, todxs somos diferentes y nos sirven diferentes cosas, lanzarnos a averiguar que resuena con cada unx es el primer paso para lograr encontrar quienes somos y qué debemos cultivar más en nuestra vida.

Recuerda que estos hábitos requieren práctica lo cual quiere decir que toman tiempo y constancia. No obstante,no es una competencia, es una oportunidad de cooperar contigo mismx para tu felicidad.

¡Feliz Año Nuevo!

¿Cómo saber si estás en una relación abusiva?

Cuando una persona te hace sentir, por medio de actos y palabras, insegurx emocional, física, mental, sexual, financiera y/o espiritualmente repetida o constantemente está abusando de tí.

A través del miedo, la manipulación, la vergüenza y la culpa la persona abusiva pretende atacar tu autoestima, tu confianza y en general tu relación contigo mismx y con los otros para hacerte más vulnerable y ganar CONTROL sobre tu espacio, tu tiempo, tu cuerpo, tu energía y en general tu vida y recursos.

El abusador busca controlar lo que eres, piensas, cómo actúas y cómo te sientes, quitándote el derecho de elegir sobre tu vida, cometer tus propios errores y recibir el respeto, el amor y la compasión que mereces.

Los abusadores se presentan a sí mismos usando máscaras de amabilidad, carisma, perfección e incluso amor. Sin embargo, en ocasiones logras ver aspectos como: falta de empatía por el dolor tuyo o de otros,  mentiras constantes, explotación de otros, pretensión de ser más importantes que otras personas, incapacidad de reconocer sus errores, entre otras.

Nadie merece bajo ninguna circunstancia ser maltratadx.

No hay nada que justifique el abuso.

Desequilibrio de poder

 En las relaciones abusivas hay desequilibrio de poder, es decir una de las dos personas dentro de la relación tiene más poder que la otra para elegir, decidir, sentir emociones, expresar deseos, etc. mientras que la otra persona no recibe los mismos beneficios. Una persona está dando, la mayor parte del tiempo, cosas como respeto, amor, paciencia, cariño, disponibilidad emocional, dinero, trabajo, etc. y la otra recibiendo la mayor parte del tiempo.

Estar en relaciones que te permitan reconocer y hacer uso de tu poder como ser humano es muy importante para tu bienestar. Las relaciones igualitarias nos permiten tener conexiones reales y profundas, donde podemos ser nosotrxs mismos abiertamente y en las cuales nadie está por encima ni por debajo de nadie. Las relaciones abusivas en cambio son desiguales y te quitan tu poder.

Ningún ser humano está por encima de otrx ser humano.

Por otro lado, si por razones laborales o familiares una persona tiene más poder que otrx, es obligación de la persona con mayor poder no abusar de su poder y el que tiene menor poder está en el derecho de exigir el respeto que merece.

Social y culturalmente se ha normalizado que alguien en una posición de poder se aproveche de este y en muchas ocasiones se espera total obediencia de aquellos con menor poder. Esto no solamente es una invisibilización del abuso sino que perpetúa relaciones tóxicas y maltratos que nadie merece.

¿Por qué es difícil reconocer el abuso?

Vivimos en sociedades que de muchas maneras permiten el abuso. Por ello, este es invisibilizado y normalizado hasta el punto que muchas veces se culpa a la victima, haciéndolx responsable del abuso que experimentó o experimenta. Esto tiene como consecuencia que con mucha regularidad la victima también se culpa a sí mismx por la conducta del abusador.

Ninguna victima es culpable del abuso que vive

Algo muy importante para tener presente es que las dinámicas de abuso contienen grandes cantidades de manipulación, luz de gas (hacerte dudar de tus percepciones), invalidación de tus emociones, negación de la realidad, burlas, aislamiento, entre otras maneras de coerción que no siempre se pueden percibir fácilmente.

Algunas de las  ideas que el abusador puede hacerte creer son: mereces este trato, nadie más quiere estar contigo, soy el únicx que te aguanta, tienes mucho que agradecerme, no eres valiosx, eres incapaz, tus ideas no son importantes, tu percepción de las cosas está errada, eres dramáticx, entre otras ideas que buscan quitarte poder, dignidad y desvalorizarte, con esto el abusador pretende que cada vez estés más vulnerable y por tanto pueda manipularte más.

La manipulación del abusador busca hacerte pensar exageradamente bien de esta persona, a la vez que a creer las cosas negativas que ha sembrado en ti sobre ti mismx como ciertas. Esto conduce a perder autoestima y confianza en ti mismx, tus capacidades y tu valía.

Eres valiosx, mereces respeto, amor y compasión

Comúnmente se habla de relaciones de pareja abusivas, sin embargo es importante mencionar que cualquier relación tiene el potencial de ser abusiva, es decir que cualquier persona: un amigx, un jefe, un pastor/cura, un padre, una madre, un familiar, unx compañerx de trabajo etc. también pueden hacerte sentir insegurx y buscar tomar ventaja de ti u otrxs.

Cualquier relación que afecte la libertad de ser tu mismx es tóxica

Si piensas que puedes estar en una situación abusiva es muy importante que busques apoyo de alguien en quien confíes, las autoridades o un psicoterapeuta.

Nota:  Mi trabajo está basado en el conocimiento personal y profesional de cómo funciona el abuso, si deseas tener una consulta conmigo podemos tener una primera cita de 30 minutos gratuita para conocernos y mirar si resuenas con mi propuesta de sanación.

Algunos recursos online:

Colombia:  Linea 155 de orientación a la mujer víctima de violencia.

http://fundacionalice.org/

Chile:           http://www.nomasviolenciacontramujeres.cl/contacta-a-la-red/

 

México:        https://mujeresamamasociacion.jimdo.com/?mobile=1

https://www.casagaviota.org/

https://www.inmujeres.cdmx.gob.mx/

 

Honduras:   http://derechosdelamujer.org/

 

Perú:             http://www.flora.org.pe/web2/

 

Teléfonos en todo el mundo de apoyo de la ONU    

http://www.endvawnow.org/es/need-help

 

 

 

Autocompasión y Trauma

Todxs tenemos la posibilidad de cuidar y sanar las heridas que el pasado nos ha dejado si así lo decidimos. Esto es especialmente importante cuando no hemos recibido el amor y el apoyo incondicional que merecemos, podemos hacernos cargo y crear nosotrxs mismxs una voz de apoyo y amor. Aunque es difícil y toma tiempo, vale la pena y es posible.

¿Qué significa ser autocompasivos?

Ser autocompasivos significa tener una actitud comprensiva y amorosa hacia nosotrxs mismxs de manera INCONDICIONAL, es decir, no solo cuando las cosas nos salen como lo esperamos o lo esperan otrxs sino también cuando cometemos cualquier clase de error. Significa construir una relación con nosotrxs mismxs que sea acogedora y amable, que nos nutra y nos proteja en cualquier situación

Es una herramienta esencial en nuestras vidas porque nos permite tener dentro de nosotrxs mismxs un espacio de seguridad, flexibilidad y apoyo.

Siendo autocompasivxs, cualquier situación que vivimos, cualquier reto, fracaso, éxito, etc. lo enfrentamos con la certeza de que nos tenemos a nosotrxs mismxs. De este modo, aunque todxxs y todo cambie afuera dentro hay un ser amoroso que siempre tiene una voz de aliento y apoyo.

Conversación interna, ¿Me apoyo o me abandono?

Todxs mantenemos conversaciones internas, pensamientos y emociones en relación a nosotrxs mismxs, es allí donde podemos escuchar si nos apoyamos y somos autocompasivxs o si por el contrario nos abandonamos, criticamos y juzgamos fuertemente.

Esta conversación comúnmente replica las voces de otrxs que han tenido influencia o importancia en nuestra vida. Por ejemplo, la voz de nuestros padres y familiares, nuestras parejas y ex – amigxs, parejas, jefes y cualquier persona cercana que haya generado algún impacto.

Cuando unx niñx crece con relaciones despectivas, burlonas, que constantemente le invalidan sus emociones, pensamientos, actos o su ser en general muy posiblemente esto generará trauma. Es el mismo caso cuando estamos en un trabajo o ambiente donde otrxs nos explotan, nos gritan, nos invalidan nuestros logros o critican constantemente.

Este tipo de relaciones se caracterizan por ser tiránicas, juzgadoras e irrespetuosas, al contrario de ser compasivas son crueles y nos hacen sentir criticadxs por medio de palabras y/o actos, que nos transmiten cosas como:

“Siempre lo haces mal” -“No te puedes equivocar” -“Sólo te amo cuando haces lo que digo” – “No eres dignx amor y respeto” – “Eres fex”- “No te mereces mi perdón”- “Tus pensamientos y palabras son ridículas, estúpidas (etc.)” – “No tienes valor” – “ Eres inútil”. 

Como resultado de tener este tipo de relaciones interiorizaremos ese maltrato y muy posiblemente así sería nuestra conversación interna:

“Siempre lo hago mal” -“No me puedo equivocar” -“Sólo me amo cuando hago o cumplo lo que otros dicen” – “No soy dignxxxxx de amor y respeto” – “Soy fex”- “No merezco ser perdonado cuando me equivoco”- “Mis pensamientos y palabras son ridículas, estúpidas (etc.) ” – “No tengo valor” – “Soy inútil”.

Si por el contrario, las relaciones con las que hemos crecido y aquellas que hacen parte en el presente de nuestra vida han sido o son amorosas, compasivas, comprensivas y de apoyo con palabras y actos nos transmitirán cosas como por ejemplo:

“Te amo” – “Lo haces muy bien” -“Esta bien que te equivoques” -“Cuentas con mi amor siempre” – “Eres dignx de amor y respeto” – “Eres hermosx exactamente como eres”- “Te perdono”- “Tus pensamientos y palabras son importantes” – “Eres valiosx” – “Eres capaz”.

Estas contribuirán a que interioricemos ese amor y comprensión y lo repliquemos con nosotros mismos en la vida cotidiana, de esta manera:

“Me amo” – “Lo hago muy bien” -“Esta bien que me equivoque” -“Cuento con mi amor siempre” – “Soy dignx de amor y respeto” – “Soy hermosx exactamente como soy”- “Me perdono”- “Mis pensamientos y palabras son importantes” – “Soy valiosx” – “Soy capaz”. 

Como consecuencia, si nuestra experiencia ha sido la primera y no hemos experimentado apoyo incondicional, es muy probable que al contrario de ser autocompasivxs nos abandonemos, critiquemos, juzguemos constantemente y ofrecernos autocompasión nos resulte muy difícil, más aún cuando experimentamos momentos de estrés, de duelos o cambios.

Esta dificultad de ser autocompasivos es una de las muchas consecuencias que tiene el trauma debido a que el maltrato o abuso destruye sistemáticamente esa capacidad – en ocasiones de manera imperceptible –conduciéndonos a tratarnos en esos términos abusivos, crueles, altamente críticos y denigrantes.

¿Cómo empiezo a ser autocompasivo?

Podríamos empezar por cuestionarnos: ¿A quién se parecen esas voces o esa manera de hablarme? ¿A qué relación en mi vida me recuerdan esta manera de tratarme?. Esto con el objetivo de empezar a reconocer las personas abusivas que están y estuvieron en nuestra vida y ser conscientes de la posibilidad de tomar el control y elegir poner límites que frenen ese maltrato.

Por otro lado reconociendo lo que dicen estas voces podemos decidir activamente construir otro tipo de relación con nosotrxs mismxs que rechace el maltrato y elija crear e incluir voces amables.

Al reconocer los patrones de relación que tenemos con nosotrxs mismxs damos el primer paso para cambiarlos y empezar a tener una relación más amable y nutridora.

La próxima vez que percibas la conversación interna que tienes contigx mismx, bríndate la oportunidad de ver lo mejor, de ser suave y aceptar la imperfección como parte de nuestro camino y proceso, de decirte a ti mismo que no importa cuantas veces te equivoques siempre estrás a tu lado. Además reclama el derecho de tratarte con amor y respeto aunque otrxs no lo hayan hecho antes.

El dolor de abandonarnos y la autocrítica.

Vivir sin autocompasión y siendo altamente autocríticos es profundamente doloroso, puesto que nuestra alma y esencia más profunda reconoce que todos merecemos compasión, amor, buenos tratos y no ser castigadxs o maltratadxs bajo NINGUNA circunstancia ni por nosotrxs mismxs ni por otrxs.

Sin embargo de acuerdo al nivel de trauma que hayamos experimentado, contactarnos con esta capacidad puede ser muy difícil. Si ese es tu caso te recomiendo que acudas donde un terapeuta que pueda y sepa acompañarte en esta construcción.

Muchas veces contar con otra persona empática y amorosa que nos guíe en el camino hacia la autocompasión es muy útil y sanador. Busca un terapeuta que resuene contigo, con quien te sientas segurx y bríndate el regalo de empezar un proceso para ser más libre y feliz.